07.02.22
Las empresas más colosales siempre se han construido desde la brutalidad de los actos más sutiles que con el tiempo se difuminan y se convierten en fragmentos imperceptibles, solo visibles ante un ojo que aún no ha sido capaz de gestarse. Por suerte, no hay mejor guía que lo que no se puede ver para lanzarse al hábitat de lo excremental, ese espacio entre lo que las cosas son y como estas se nos aparecen.
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