Tanto como el registro fonográfico, la tipografía es la marca de algo ya pasado que posee una cierta independencia de la fuente original. Es un signo espectral de algo que busca permanecer como acontecimiento a pesar de ya haber sucedido y que intenta resucitar con cada lectura convirtiendo a la mirada en un medio para la necromancia así como el oído puede serlo con el audio. Ambas son señales de otra cosa, un excitador original que les provocó. No son necesariamente el lugar al que debemos llegar, lo cual no significa que no podemos extraer un valor incomensurable a nivel de experiencia al detenernos quietamente frente a ellas.