30.12.2020
Hay algo nuevo que nace de nuestro forzoso encuentro con el mundo, una entidad aparte que se retuerce y palpita, centelleante ilusión fantasiosa con apariencia autónoma, pero que está irremediablemente condenada a la conexión entre estos dos actores que son englobados por su manifestación: el ser, una posibilidad del tajo abierto de la vida, y el mundo independiente en el que este es. Se genera un espacio reforzado por rituales cambiantes desde el cual un tercer mundo brota, una esfera en desarrollo a través del tiempo en el que el ser es en el mundo, trayecto de encadenamiento arterial, una zona extendiéndose por cada uno de los encuentros, alzándose con cada nacimiento, cayendo inevitablemente con cada muerte, inexorable, como un castigo que cae encima sin que exista Atlas alguno para cargarlo y que nunca aparece de la misma forma. Una apertura producto de un choque tan estruendoso como insignificante, una deriva provocada por un accidente sin culpables que pesa como si fuese per...