14.01.2021
Nuestros párpados pesadamente cerrados vibran con el color de una pantalla repleta de estática, abierta a captar cualquier señal que le llegue, siempre preparada para nuevas interferencias. Recepción y tranmisión dispuesta a la intervención, ruido fluyendo junto con la corriente, evitando en las aguas la imperiosa necesidad de la instrumentalización absoluta y la implacable agencia, cada uno de sus actos disolviéndose instantaneamente, dejándose ir, incapaces de permanecer más allá de un instante. El cambio es su constancia. La identidad es un hambre cuya saciedad es tarea inútil y se pierde entre la basura acumulada que arrastra el río con sonido de vertedero rumiando tranquilamente su contenido.