La potencia cognitiva se haya enclaustrada bajo un marco que la apresa, un remolino de vientos provocados por nanomáquinas que redirigen todo de forma automática a través de tuberías que llevan hacia fríos compartimientos metálicos donde no es posible nada más allá de lo que estos mismos dictan. Lo hipotético se ve fuertemente delimitado. Pero existe una gran diferencia entre lo que una capacidad es y lo que puede hacer, entre una manifestación transitoria específica y la totalidad de su existencia. Los vectores que encierra (los cuales requieren un cambio de perspectiva y que podría cortar la mente en dos para ser visualizados correctamente) pueden liberar fuerzas hacia planos más allá de sus interiores. El magma de la tierra está deseoso de explotar. Retumban en el craneo los ecos de la voz que sueñan turbulentamente con un escape proyectado por sus deseos de alienación, de acercarse a lo completamente extranjero y sus posibilidades encadenadas que pacientemente espera...
La ingienería de desrelojería crónica desenmaraña la anacronía futura en una tempestad, liberando su intensidad, corriente en carrera hacia adentro, a la vez que plega sus proyecciones con el click sonando entremedio, borroso, allá abajo en lo profundo mientras tic-tac va descendiendo y el sonido se enreda en el aire de forma engañosa. No es el temor, ya no creo en la superficie.
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