03.04.21

El viaje por el ciberespacio es una posesión, la abertura de un tajo virulento a nivel dermal, la negación de la inútil resistencia orgánica, develado genético. A su vez, toda posesión es, necesariamente, un actualización, un registro tanatográfico en forma de herida, cuña en tabla de barro, una renovación generadora de desechos fantasmagóricos que se aferran a las duras placas metálicas de la carne vibrando por la invasión del enjambre desantropomorfizador, nuevo motor ensamblado a la máquina anti-identitaria, que se adueña de sus sentidos hyperestimulados, controlando un frenético tráfico de datos -transmisiones mentales wi-fi intermitentes, diálogo entrecruzado de chats pronto a ser descargados/archivados/eliminados-, cruzando y conectando foros públicos con ilusión de anonimato enredados en hilos e hypervínculos, DMs y Tweets, una enorme serie de intercambios frenéticos zumbantes en red que crecen exponencialmente, productores de nuevos síndromes, portadores de estados biológicos futuros que cuestionan la sanidad de la vieja psíquica a través de un plegado-origami-web, colapsando Los Últimos Vestigios en una compresión .rar: manipulación de chatarra 360°, ruido excremental cortante que interviene y separa con interferencia de espasmo-SPAM contenedor de promesas de criptoviagra 3D registrado en blockchain, una caja negra de lectura abierta transitando de mano (click) en mano (touch), siendo pulsada continuamente en alta definición. Sexting anorgásmico 4K indexado en el código fuente después de replicarse parasitariamente. Estimulación cibernética que permite la experiencia de una entidad externa. Deriva eterna hasta su culminación en el sueño de la intensidad cero. Rito colectivo molecular.

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